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Observatorio de Relaciones Internacionales y Derechos Humanos

09-04-2026

Dos décadas de consolidación autocrática en Azerbaiyán, a través del el BTI

Los reportes del Bertelsmann Transformation Index a lo largo de 20 años muestran cierta estabilidad en cuanto a economía, un leve fortalecimiento en gobernanza y una caída constante en lo que respecta a política, lo que deriva en la consolidación de un sistema autocrático.
Por Ignacio E. Hutin

Hace algo más de 20 años, murió en el poder Heydar Aliyev, líder de Azerbaiyán durante una década. Hombre fuerte formado en la estructura soviética, llevó estabilidad a un país que venía del caos que implicaron la independencia, la transición de una economía centralmente planificada a una de mercado y la guerra contra la vecina Armenia que acabaría en derrota en 1994. Aliyev construyó instituciones, fundó su Partido Nuevo Azerbaiyán (YAP, por su sigla en azerí), creó un Estado fuerte alrededor de su figura, promovió inversiones extranjeras para la exploración y explotación de hidrocarburos, construyó infraestructura y consolidó una imagen de liderazgo indisputable, de capitán de tormentas, que luego se transformó en explícito culto a la personalidad a partir de su muerte en 2003. Lo sucedió su hijo, Ilham Aliyev, quien, hasta entonces ocupaba la vicepresidencia de SOCAR, la empresa nacional estatal de petróleo y gas. La renovación podría haber implicado una apertura democrática, pero las esperanzas se agotaron pronto. Porque lo que siguió fueron dos décadas de concentración de poder y creciente represión.

El Índice de Transformación Bertelsmann (BTI) analiza y evalúa la situación de 137 Estados en base a 17 criterios relativos a la economía, la política y la gobernanza. En informes publicados cada dos años, se examina la evolución de la situación local: si los países consolidan una tendencia democrática o autocrática, si la economía se liberaliza o no. El último BTI, publicado en marzo pasado, muestra que casi nada ha mejorado en Azerbaiyán desde 2006: a lo largo de 20 años, el país ha descendido del puesto 82° al 90°, se ha estancado en cuanto a gobernanza, ha liberado en forma muy limitada su economía y ha empeorado sus estándares democráticos, especialmente en lo relativo al estado de derecho. En diez de los once informes publicados durante este periodo, el país fue calificado como una autocracia de línea dura. Y en el restante, correspondiente a 2012, como una autocracia moderada. Hoy, con un gobierno más consolidado que nunca, una oposición vetada y escaso cuestionamiento internacional, resulta difícil imaginar una transformación estructural y democrática en el corto plazo.

Un Estado rico y fuerte

En el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2024, que se realizó en Azerbaiyán, Ilham Aliyev dijo que el petróleo y el gas son un “regalo de Dios” para su país. Y es que la economía local depende en gran medida de los hidrocarburos, que representan más del 90% del total de las exportaciones. Los recursos naturales y la apertura a inversiones occidentales desde los tempranos años 90 han ayudado a mantener una economía fuerte y, con ella, un gobierno poderoso. Tanto es así que uno de los puntos del BTI en el que más ha crecido el país en estos 20 años es el relativo a estatalidad, dentro de las transformaciones políticas, y que incluye mediciones respecto al monopolio del uso de la fuerza, la identidad estatal, el grado de injerencia de dogmas religiosos y el nivel de estabilidad y alcance de la estructura burocrática administrativa.

Parte de este crecimiento se vincula a la defensa nacional: con la victoria bélica contra Armenia en 2020 y el éxito militar en la breve operación de 2023, Aliyev logró recuperar Nagorno Karabaj, territorio reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán, pero controlado hasta entonces por armenios. Esto le aportó una narrativa importante al líder, que dejó de ser tan sólo el heredero de su padre para convertirse en el símbolo del triunfo, en quien alcanzó los objetivos irredentistas. Aliyev logró así fortalecer consensos sociales identitarios y relatos nacionales que aportaron confianza dentro del liderazgo azerbaiyano, pero también pudo incrementar su propia popularidad. Los monumentos y otras conmemoraciones por la victoria que se han instalado en todo el país ayudaron a imponer esa narrativa única y homogénea, y poco importó que cerca de cien mil civiles armenios se vieran forzados a abandonar la región. Al mismo tiempo, las fuerzas de paz rusa en la zona también se retiraron, lo que implicó que Azerbaiyán no albergara tropas extranjeras por primera vez en su historia moderna.  

Con amplios recursos y el respaldo que sólo aporta la revancha militar y la consiguiente recuperación de soberanía, Aliyev puede darse el lujo de prescindir de mecanismos republicanos y democráticos de pesos y contrapesos que limitaran su ambición y el poder de su familia y allegados. El clientelismo, el amiguismo y el nepotismo son prácticas sumamente arraigadas en un país con marcados problemas de corrupción e ineficiencia.

Una oposición restringida

Otro punto del BTI en el que Azerbaiyán ha descendido sistemáticamente desde 2006 es la participación política, que incluye lo relativo a elecciones justas, derechos de asociación y asamblea, libertad de expresión, y capacidad efectiva de gobierno. Aliyev padre e hijo han obtenido alrededor del 80% de los votos en prácticamente todos los comicios presidenciales. En los últimos, en 2024, Ilham obtuvo oficialmente más del 92% de los votos en una contienda en la que, según la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), hubo “supresión de voces críticas y ausencia de alternativas políticas”. De hecho, como recalca el BTI, desde las elecciones de 2010, los únicos partidos políticos que han ganado escaños en el parlamento son aquellos que no desafían la autoridad del gobierno y operan bajo su control.

A las elecciones presidenciales y parlamentarias se les suman dos referéndums constitucionales durante el mandato de Ilham Aliyev: en 2009 se abolió el límite de dos términos presidenciales sucesivos, garantizando la reelección ilimitada; y en 2016 se extendió el mandato a 7 años y se creó el puesto de vicepresidente, que desde entonces ostenta la primera dama Mehriban Aliyeva.

El retraso de cualquier reforma tendiente a la democratización ha llevado a insatisfacción, a algunas manifestaciones y a más represión. Los pretextos que suele utilizar el gobierno se relacionan con motivos de seguridad y defensa: los riesgos del extremismo religioso (tanto chiita, con apoyo de Irán, como sunita, desde el Cáucaso Norte), el haber tenido parte del territorio ocupado militarmente por Armenia tras la derrota militar en 1994 y la posibilidad de una revolución popular que derrocara al gobierno, tal como sucedió en Georgia en 2003, Ucrania en 2004 o Kirguistán en 2005.

En 2019, el Frente Popular de Azerbaiyán (AXC, en azerí), principal fuerza opositora, convocó a protestas por la liberación de presos políticos y por elecciones libres y justas, pero el gobierno respondió con represión y prohibiendo de facto toda manifestación en su contra. Un año más tarde, la victoria bélica acalló completamente los reclamos y llevó a descartar cualquier posibilidad de reformas políticas. Más bien, sabiéndose fuerte, el poder ejecutivo aumentó la represión y permitió que se mantuvieran los sobornos, la malversación de fondos y otras prácticas corruptas generalizadas.

El líder del partido opositor, Ali Karimli, a quien el gobierno se ha negado a entregar pasaporte, y otros miembros han sido detenidos y acosados sistemáticamente. Esto derivó en que AXC boicoteara las elecciones de 2015, 2020 y 2024. Por otro lado, en 2023 entró en vigor una nueva ley de partidos políticos que restringe formalmente su formación y consolidación como fuerzas opositoras democráticas, limitando aun más la posibilidad de disputar democráticamente el poder.

Represión y censura

Los presos políticos en el país actualmente superan los 350, aunque, según Free Voices Collective, organización no gubernamental fundada en la Unión Europea por activistas en el exilio, la falta de acceso a información judicial imposibilita la confección de listados fiables. Entre los detenidos figura Bahruz Samadov, politólogo y activista por la paz, preso desde 2024, acusado de alta traición y condenado a 15 años. También aparece la periodista y defensora de los derechos humanos Ulviyya Guliyeva, presa desde mayo de 2025 acusada de conspirar para cometer contrabando de dinero. Aún sin condena, podrían aplicársele entre 10 y 20 años de cárcel. Poco antes, también fue detenida bajo la misma acusación su colega Aysel Umudova. Como señala Free Voices Collective, las condiciones de detención deplorables a las que se enfrentan los presos políticos pueden constituir tortura u otros tratos crueles, inhumanos o degradantes. La falta de libertad de prensa en Azerbaiyán se plasma en que casi todos los periodistas que trabajan para medios como Toplum TV y Abzas Media han sido arrestados bajo cargos falsos. Según el Índice Mundial de Libertad de Prensa de 2025, publicado por Reporteros sin Fronteras, Azerbaiyán está entre los países más represivos del mundo: ocupa el puesto 167 entre 180 países.

La actividad de la sociedad civil a través de organizaciones no gubernamentales también se encuentra severamente restringida y el gobierno apunta sistemáticamente a limitar el apoyo internacional, especialmente en cuanto a aportes económicos. En los últimos años, se ha producido la expulsión de numerosos donantes internacionales y ONGs del país, se han promulgado leyes severas, presentado denuncias penales falsas y decenas de activistas azerbaiyanos han sido encarcelados, mientras que muchos otros han debido exiliarse. En la práctica, las ONGs fueran reemplazadas por instituciones gestionadas por el gobierno (GONGOs, por su sigla en inglés), que aparentan representar a la sociedad civil, pero son apenas una extensión del poder ejecutivo.

Por otro lado, el gobierno ha transformado los tribunales en meras herramientas para castigar a opositores. Como la selección para puestos relevantes en el poder judicial depende de la lealtad a la élite gobernante, los altos funcionarios son inmunes a la persecución judicial. Lo que sí se castiga y con severidad son las violaciones a la lealtad personal al presidente.

Concentración e influencia política en el mercado

En cuanto a los factores económicos, muchos de los datos oficiales se ofrecen incompletos o podrían estar manipulados, incluyendo cifras de pobreza, distribución de la riqueza, ingresos promedio, desigualdad y aporte de la inversión privada al producto bruto interno.

Si bien existe la inversión privada local en Azerbaiyán, no hay grandes empresas independientes, y las medianas apenas si luchan por sobrevivir en un escenario de competencia desleal frente a las compañías estatales y los conglomerados con conexiones políticas. Las empresas del Estado están vinculadas a la familia ampliada del presidente y suelen beneficiarse de un trato preferencial y del dominio del mercado en industrias claves, particularmente en servicios públicos, energía, transporte y banca. Las empresas dominantes tienen capacidad de fijación de precios, lo que repercute en los costos para el consumidor y la eficiencia económica. La estatal SOCAR goza de un cuasi monopolio en la industria petrolera, y además es la mayor empresa del país y el mayor contribuyente del Estado.

Al mismo tiempo, el derecho a la propiedad privada es frecuentemente violado por el Estado y por poderosos oligarcas afines. En los últimos años, muchos de ellos han sido removidos de cargos económicos o administrativos relevantes, lo que ha reforzado la concentración de poder y dinero de la familia presidencial y ha dejado a cada vez más azerbaiyanos fuera del reparto. Este entramado de acumulación y de captura del Estado limita la posibilidad de inversiones extranjeras y es una de las razones por las que Azerbaiyán ha optado por no incorporarse a la Organización Mundial del Comercio, cuya adhesión requeriría el cumplimiento de normas internacionales que el país no parece estar dispuesto a cumplir.

Los hidrocarburos son, como dice Aliyev, un regalo de Dios, pero también son una maldición: la enorme dependencia para la economía local implica que cualquier desfasaje en los precios internacionales repercuta en forma directa. La caída del precio del petróleo entre 2014 y 2015 obligó al gobierno a devaluar la moneda, priorizar la diversificación de la economía y a analizar la posibilidad de transicionar hacia un tipo de cambio flotante. Al mismo tiempo, la producción petrolera de Azerbaiyán ha ido disminuyendo y los yacimientos de gas existentes apenas si bastan para satisfacer los crecientes compromisos internacionales y sus necesidades internas. Sin embargo, no ha habido mayores cambios en las últimas dos décadas en cuanto a transformación económica y, por fuera de la caída registrada en el informe de 2018, el BTI refleja estabilidad en este punto.

Más aliados que límites en el extranjero

Al ser un país sin litoral, Azerbaiyán depende de sus vecinos para el tránsito de exportaciones de petróleo y gas. Con Rusia, las relaciones han empeorado en los últimos 20 años, pero hoy se mantienen estables, tanto que Azerbaiyán le ha comprado gas para consumo interno, lo que le permite liberar su propia producción para la exportación a Europa. El gobierno de Aliyev, sin embargo, prioriza la cooperación trilateral con Turquía y Georgia, países con los que existe una alta interdependencia a raíz de la infraestructura energética, particularmente el oleoducto Bakú-Tiflis-Ceyhan y el gasoducto Bakú-Tiflis-Erzurum. Se les suma el ferrocarril Bakú-Tiflis-Kars, que conecta el puerto de la capital azerbaiyana con Turquía a través de Georgia y constituye un componente vital de la Ruta Internacional de Transporte Transcaspiana, también conocida como Corredor Medio. Y es que la fortaleza de Azerbaiyán no radica tan sólo en sus recursos naturales sino también en su ubicación estratégica, de camino entre Europa y Asia.

Además de Turquía y Georgia, el gobierno de Aliyev cuenta con otro respaldo importante, especialmente a partir de 2022. Luego de la invasión rusa a Ucrania y con el objetivo de romper su dependencia del gas ruso, la Unión Europea firmó un acuerdo con Azerbaiyán que implica duplicar las importaciones de gas azerí para 2027 hasta los 20 bcm anuales. Sin embargo, Bruselas no logró establecer condiciones para una cooperación futura que ayudase a garantizar mejoras en cuanto a derechos humanos. Y el gobierno en Bakú se ha negado a permitir que la organización proporcione subvenciones a grupos locales de la sociedad civil. Aun así, Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, describió a Azerbaiyán como “un socio confiable”. La combinación del aumento de los precios de la energía y la creciente importancia de Azerbaiyán como potencial proveedor de energía para Europa en el contexto de la guerra en Ucrania ha llevado a que este sea el único país de la región que mantiene un superávit comercial con el bloque continental, pero también ha impulsado la confianza y la influencia política de la familia gobernante, tanto a nivel local como regional.

Pese a esto, las relaciones entre Azerbaiyán y el Consejo de Europa se han deteriorado. A principios de 2024, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa se negó a ratificar las credenciales de la delegación azerbaiyana, alegando que el país no había cumplido con sus compromisos y que se mostraba reacio a colaborar con instituciones internacionales democráticas. En respuesta, el gobierno azerbaiyano prohibió la entrada al país a los miembros de la Asamblea que hubieran votado en contra de sus representantes.

Perspectivas

La élite gobernante azerbaiyana, encabezada por Aliyev y su familia, tiene por única prioridad el mantener el poder y control del país. Cuenta con los recursos económicos, con un férreo manejo del Estado y de sus instituciones, y también con una narrativa victoriosa que, de momento, ha encontrado más aliados que límites. Los reportes del BTI a lo largo de 20 años muestran cierta estabilidad en cuanto a economía, un leve fortalecimiento en gobernanza y una caída constante en lo que respecta a política, lo que deriva en la consolidación de un sistema autocrático. Las perspectivas no son buenas, pero quizás la decisión de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa sea un primer paso para frenar a un líder que se cree inalcanzable.

Ignacio E. Hutin
Ignacio E. Hutin
Investigador Asociado
Magíster en Estudios de Europa Oriental, Rusia y Eurasia (Universidad de Glasgow, 2025), en Estudios del Cáucaso (Ilia, 2025) y en Relaciones Internacionales (USAL, 2021), Licenciado en Periodismo (USAL, 2014) y especializado en Liderazgo en Emergencias Humanitarias (UNDEF, 2019). Periodista, profesor universitario e investigador, es autor de los libros Saturno (2009), Deconstrucción: Crónicas y reflexiones desde la Europa Oriental poscomunista (2018), Ucrania/Donbass: una renovada guerra fría (2021) y Ucrania: crónica desde el frente (2021).
 
 
 

 
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